En una nuevo y fabuloso aporte a la historia, la ciencia y la cultura del mundo todo, el Coronel Almondiga Batista se enorgullece en presentar a partir de este momento, una investigación sin precedentes, que dará que hablar a más de un científico de elevado prestigio.
Luego de una serie de profundas investigaciones que duraron más de siete años, el ya reconocido mundialmente Dr. Jules Giglió, junto a un grupo de colaboradores del dalismo, movimiento que el Dr. preside, está en condiciones de revelar al mundo, en exclusiva para el Blog del Coronel Almondiga, uno de sus mayores y inusuales hallazgos: la existencia de Braulio Garloncha, el extraño ser que vive en las profundidades del foso de la cancha de Racing.
Algunos comentarios de dudosa procedencia, la divulgación boca en boca de los mitos populares de nuestro fútbol, y una serie de fotografías tomadas por las cámaras de seguridad del estadio Presidente Juan Domingo Perón, movilizaron a Giglió a iniciar una investigación acerca de la existencia de este ser, que hasta el momento solo tenía peso y carácter mitológico, como el monstruo del lago Ness o el abominable hombre de las nieves.
“Braulio, el semihombre que vive en el foso del cilindro de avellaneda es más real que la desnutrición en Tucumán, papá...” – Sentenció duramente el Dr. y Premio Nobel Jules Giglió ante una de las cámaras que envió el Coronel Mamon a las inmediaciones del estadio de la academia. “Lo que pasa es que hay ciertos intereses políticos que intentan demostrar lo contrario, o al menos, desviar la mirada para otro wing”.
Pero según los datos recolectados por Giglió, Braulio Garloncha, sería efectivamente un fenómeno mitad hombre, mitad monstruo, que habita en las aguas estancadas y putrefactas que separa el campo de juego de las populares.
“Es un engendro. Un pseudo ogro mutante, jorobado y arrugado, que alguna vez supo ser un hombre común, estudiante de odontología, ferviente católico y adorador del café con leche con medialunas; pero que con el paso de los años, el contacto con el agua turbia y las inmundicias, y sobre todo, gracias a las infinidades de amarguras que acumuló en todo este tiempo viendo al Racing de sus amores, ha terminado por convertirse en esta suerte de mierda fea con ojos, en esta bolsa de viscosidades, en este ser más parecido a un monstruo que a un hombre”
Muchos se preguntarán, por supuesto, cómo es que Braulio Garloncha llegó a terminar como hoy lo describe el Dr. Giglió en su libreta de anotaciones científicas. Bien. Todo se remonta a los tiempos de auge del peronismo, cuando por una orden que descendió directamente del Ministerio de Desarrollo y Bienestar Social, el estado se encargó de remodelar en su totalidad las instalaciones edilicias que hoy auspician de templo para los adoradores del Chango Cárdenas. En aquel tiempo, tanto la vieja confitería del club, como la sala de reuniones que se encuentra bajo el sector oeste de plateas (y que hoy se utiliza para guardar los bombos, los tirantes y demás insignias albicelestes de la Guardia Imperial) eran sedes clandestinas para las reuniones de la cúpula dirigencial del peronismo de derecha. El mismísimo Teniente General Juan Domingo Perón, en uno de sus infinitos intentos para propiciarle trabajo al hijo de una vieja amiga, le ofreció al por entonces púber Braulio Garloncha un puesto en dichas instalaciones. Braulio, además de trabajar como casero y primar en cuanto se lo necesite, oficiaría de hombre de confianza y espía del General. Durante muchos años Braulio obró des esta manera, casi desde la clandestinidad, y llegó a conocer todos los recovecos de la Institución, y por supuesto, tenía conocimiento de todos los temas que la sociedad comentaba en los entretiempos de los partidos de fútbol, información que al Presidente le valiera como oro tiempo después, teniendo en cuenta su clásica política demagógica. Trabajar para Perón fue la prioridad de Braulio, su destino, según sus propias palabras. Fue así como perdió a su novia, a su familia, y a todo ser querido.
Así las cosas, los años fueron pasando, hasta que un día el peronismo se quedó sin su máximo referente, ese que supo apalabrarse al sector más rancio de la derecha oligárquica, al mismo tiempo que era amado y vitoreado por la clase trabajadora. Desde entonces, Braulio Garloncha comprendió que sin hogar, sin dinero, sin familia, ni nada, no sobreviviría bajo el desamparo cruel de los tiempos dictatoriales que se avecinaban. Fue entonces cuando decidió retirarse a las profundidades del hondo y peligroso canal, donde nadie lo estorbaría.
Alimentándose durante décadas de los desperdicios que arrojaba la parcialidad visitante al mugroso foso del cilindro de avellaneda, Braulio Garloncha fue testigo directo de un sin número de anécdotas futbolísticas, y de una infinidad de cambios culturales que la sociedad sabe reflejar en su máxima expresión al asistir a tales encuentros deportivos.
Hoy lo supera la edad, se está quedando ciego, tiene reuma y una incipiente molestia vesicular, producto del colesterol de los infinitos choripanes a medio comer que ocasionalmente habrán caído desde alguna bandeja de la cancha. Se siente solo y en más de una ocasión –según cuenta el Dr. Giglió en sus anotaciones – se lo ha visto irrumpir en un llanto bestial y desconsolado. Y como si fuera poco, Blanquiceleste S.A. no desea hacerse cargo de los problemas que aquejan al pobre Braulio, demostrando una vez más su incompetencia y falta de humanismo para con los empleados de la Institución racinguista.
Una verdadera lástima.
RaMiRO DaVECHIO..
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



21/2/08, 2:26
Realmente escalofriante...